La relación de pareja perfecta.

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La relación de pareja perfecta, no existe, pero el buen amor implica poder mirar a la otra persona y aceptar sus dificultades .

¿Qué es una relación de pareja?

La relación de pareja perfecta no existe, pero se podría decir que para que una pareja se desarrolle, es necesario que ocurran varias cosas. 

Una relación de pareja, se podría definir como un vínculo amoroso que se va creando entre dos personas. En este “universo” que va poco a poco tomando forma, van apareciendo varios elementos que son comunes en mayor o menor medida a todas las relaciones de pareja y, por tanto, se podría decir, que son los responsables de que las parejas se formen y se consoliden.

Estos tres elementos son: la pasión, la intimidad y el compromiso. 

En primer lugar, la pasión suele ser el primer elemento en aparecer, es la atracción física y lo que propicia el acercamiento inicial hacia el otro. Si solo existiera la pasión como único elemento en la interacción, seguramente estaríamos hablando de un “encaprichamiento” de algo efímero y pasajero, algo que una vez satisfecho, ya no tendría mucho más interés.

 Por lo tanto, solo con la pasión, no es suficiente para que se desarrolle una relación de pareja.

En segundo lugar, la intimidad es la confianza, la complicidad, es reírse juntos y tener una sensación de compartir y de apertura hacia el otro. Este elemento, también es común en las relaciones de amistad y familiares, y, de hecho, si solo existiera complicidad, tampoco podría desarrollarse una relación de pareja completa.

Por último, el compromiso es la voluntad de dos personas de unirse, gracias al cual, podemos tener unos cimientos que sostengan la relación en los momentos difíciles o cuando la pasión y la intimidad no estén tan presentes como nos gustaría. 

Solo con el compromiso, nuestra voluntad no tendría motivación suficiente para sostener una relación de pareja.

Estos tres elementos juntos, hacen que sea posible vivir la experiencia de ser y
tener una pareja.  

 

La relación de pareja perfecta no existe al igual que no existe la persona perfecta.

En cada relación, estos pilares, mantienen una proporción distinta e incluso en la misma, también van evolucionando. Siendo frecuente al principio que la pasión esté muy presente y no tanto la intimidad y el compromiso, sin embargo, a medida que van pasando los años, esta proporción se suele invertir. En este punto, es importante saber transitar del enamoramiento al compañerismo, pero para eso, todavía tenemos que conocer otros muchos factores y elementos que intervienen en el universo propio de la relación.

 

¿En tus relaciones de pareja, has sentido que están presentes estos tres elementos? ¿Crees que hay alguno que necesite estar más presente en tu relación? ¿En todas las relaciones estos elementos han estado presentes en la misma proporción? En tu situación actual, ¿A qué elemento necesitas prestar más atención y fomentarlo un poco más?

Dos personas se conocen, se atraen, se caen bien y poco a poco o de repente, se enamoran. ¿El enamoramiento es el mismo para todo el mundo? Seguramente, estés de acuerdo conmigo en que cada uno experimenta el enamoramiento a su manera

En primer lugar, iniciar una relación, implica elegir. Elegimos conocer a una persona, elegimos día tras día continuar con ese “nos estamos conociendo” por eso, es tan importante saber qué hace que queramos tener a esa persona a nuestro lado.

 Es verdad que en todos nosotros se produce un estado alterado de conciencia,
nuestro sistema hormonal y bioquímico se revoluciona.

 Es una sensación, para la
mayoría, agradable. La otra persona nos parece perfecta, nos cuesta mucho ver
los defectos, y da igual ser conscientes de esto porque el poder de la química
ha “secuestrado” nuestra forma de ser habitualmente.

Puede ser ahí cuando pensemos que hemos encontrado la relación de pareja perfecta.

En estos momentos, sacamos lo mejor de nosotros, nos sale de forma natural. Casi no hay conflictos, y si los hay, vemos las cosas tan fáciles y bonitas, que tampoco pasa nada. Sin embargo, aunque a todos se nos “altere” la consciencia, la forma que tenemos de vivir y experimentar estas sensaciones son únicas a cada uno de nosotros.

 

Si cada
persona es un mundo, una relación es un universo.

Cuando cada uno de nosotros inicia una relación, es importante tener en cuenta la complejidad de nuestro propio sistema, no para juzgarlo sino para ser conscientes de todas las cosas que operan e influyen en nuestra emocionalidad, en la toma de decisiones y en nuestra forma de relacionarnos con los demás.

La relación de pareja perfecta, es única e individual para cada uno. Cada uno de nosotros tiene una mochila a sus espaldas, llena de recuerdos y de experiencias, dotada de cosas maravillosas como pueden ser nuestra capacidad de amar, y los dones de cada uno. En esa mochila, también cargamos con nuestras heridas, con creencias que pesan como piedras y dificultan el camino, con un sistema de valores que nos guía a recorrer determinados caminos, a sentirnos bien en algunas situaciones y mal cuando vivimos en incoherencia con ellos.

 

¿Te has
parado a pensar que llevas en tu mochila?

Todo eso, es lo que somos, y antes de descubrir la mochila de otro, estaría bien, indagar en la nuestra. Solo desde la consciencia, la compasión y la aceptación podremos iniciar un camino de amor verdadero.

Hay que ser
valiente para abrir la mochila, a veces, es más fácil echársela a la espalda y
seguir caminando. Cuando iniciamos una relación, es bonito observar con qué ojos estamos mirando al otro, sabiendo, que esa persona, también tiene su propia mochila.

Tener una
relación implica que en ese compartir, también van a salir al escenario todos
los elementos que cada uno carga a sus espaldas. En una relación, no podemos
decir que solo somos dos personas que comparten; somos nosotros y nuestro
sistema, esto quiere decir que nosotros venimos de un sistema familiar
concreto, con toda la complejidad que eso implica, donde hemos aprendido a
gestionar y resolver las cosas de determinada manera. Donde hay heridas y
“traumas” familiares que no se han sabido sanar o resolver, significa, que
formamos parte de un sistema y no podemos obviar esta parte, creyendo ingenuamente que es algo independiente a nosotros. 

Cuando establecemos una relación, interaccionan dos sistemas ya complejos de por sí, y de esta manera, se crea el universo, es decir, un nuevo sistema influido por los sistemas de cada uno.

Si sabemos esto, podremos adoptar una actitud más responsable y serena hacia lo que implica relacionarse con otra persona; sabiendo que no es tan fácil juzgar al
otro si eres capaz de ver la mochila que carga en sus espaldas. Sabiendo que
existen miedos y heridas, que, aunque tú no tengas, el otro puede que si y
requiere de paciencia y mucho amor el poder mirar al otro de verdad y aceptar
los dones y los problemas de esa persona.

Algo que ayuda mucho en las relaciones de pareja es ser conscientes de los valores tanto tuyos como los del otro. Los valores son, como he mencionado antes, una luz que nos alumbra el camino hacia nuestra propia verdad. Tener valores en común con la otra persona, hace que vuestras luces, marquen un camino común.

¿Cuáles son tus valores? ¿Y los de tu pareja? ¿Qué valores tenéis en común? ¿Qué
valores tiene la relación?

EN LA
RELACIÓN, NO SOMOS DOS, SOMOS TRES.

Si, así es, somos tres; tú, él/ella y la relación. El hecho de entender la relación como un tercer elemento, permite conservar el espacio individual de cada miembro, algo que es muy importante porque ese espacio vital está relacionado con la esencia.

Si permitimos que la relación ocupe todo el espacio, nos estamos olvidando de nosotros y estaremos creando un lugar asfixiante que no permitirá desarrollarse a ningún miembro de la pareja. Esto sucede mucho en las relaciones de dependencia, que se caracterizan por no tener desarrollada la relación con uno mismo, ese miedo a estar con uno mismo hace que buscamos a toda costa llenar el espacio y qué mejor que hacerlo a través de una relación de pareja.

La relación de pareja es un sistema vivo en constante evolución y cambio, ese es otro de los motivos por el que es importante concebirla como algo independiente de cada miembro. 

Así, podemos tener en cuenta las necesidades que van apareciendo para
la relación, y aunque, estas son un reflejo de las necesidades de cada miembro,
no siempre han de coincidir. Por ejemplo, tal vez veamos que la relación se
está resintiendo por falta de comunicación, a uno de los miembros le cuesta
mucho expresar cómo se siente porque cuando lo hace, se siente juzgado y
criticado por la otra parte. 

La falta de comunicación es un síntoma de la interacción que está habiendo entre ambos, del trato que se brindan el uno al otro.

 Al poder estar atentos a las necesidades de la relación, dejamos de atacar o culpabilizar a una de las partes, podemos observar desde el no juicio qué está pidiendo la relación y qué pueden hacer al respecto cada una de las partes implicadas. En este caso, tal vez, intentar ser más respetuosos con cómo se siente la otra persona o como piensa, aunque no lo compartamos

¿Cómo establecer una relación sana desde el principio?

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¿Cómo establecer una relación sana desde el principio?

El mundo de las relaciones es bastante complejo, se entremezclan un sin fin de factores que hacen que el surgimiento del amor sea algo parecido a un milagro, sin embargo y afortunadamente, sucede todos los días.

Hoy me quiero centrar en un momento concreto; en el inicio
de la relación, cuando todavía ni así es como la calificamos, cuando es todo completamente incierto e indefinido. 

Ese momento donde empezamos a conocer a alguien.

Por un lado, me parece importante prestar atención a desde dónde se
inicia ese conocer al otro. Observar y tener conciencia del estado interno que tiene cada uno y de qué manera puede llegar a interferir o afectar en ese “algo” tan incipiente y delicado que está comenzando a nacer.

El estado en el que nos encontramos nos influye directamente en el tipo de relación que vamos a desarrollar y en el tipo de persona que vamos a elegir.

Cómo establecer una relación sana desde el principio, sin saber, que No es lo mismo iniciar algo desde la necesidad que desde la libertad. Las consecuencias, son radicalmente distintas.

Para disfrutar de la aventura que supone conocer a alguien, primero, es necesario sentirte en paz y en armonía contigo mismo. Tener la sensación de estar completos, acercándonos así, a un estado de abundancia y de apertura sin necesidad, ni ansia ni prisa. 

Por otro lado, Conviene saber qué es importante para nosotros en una relación, conocer nuestros límites y saber qué es lo que nos gustaría encontrar en esa persona para iniciar un camino compartido.

Cuando nos preguntan qué tipo de persona nos gusta, en muchas ocasiones, somos propensos a centrarnos en los aspectos físicos que nos suelen atraer. Olvidando reflexionar sobre qué es lo realmente importante para nosotros. Tal vez un proyecto común, una serie de valores, un estilo de vida compartido o una forma de entender la vida parecida.

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El romanticismo de Hollywood nos suele enseñar un amor desbordante de pasión donde nada importa más allá de ese flechazo irremediable que estamos tan acostumbrados a ver una y otra vez en las películas. 

En primer lugar, iniciar una relación, implica elegir. Elegimos conocer a una persona, elegimos día tras día continuar con ese “nos estamos conociendo” por eso, es tan importante saber qué hace que queramos tener a esa persona a nuestro lado.

Para establecer una relación sana desde el principio, ante esta realidad, debemos de ser consicnetes de que muchas veces, estamos más pendientes de conseguir que la otra persona nos elija a “toda costa”, (para reafirmar nuestra propia valía) que se nos olvida preguntarnos a nosotros mismos qué es lo que estamos viendo en el otro y si nosotros, queremos realmente elegir a esa persona.

De esta forma, nos ponemos a nosotros mismos en un segundo
plano y sin darnos cuenta, construimos una imagen idílica de la persona que tenemos en frente.

 Añadiéndole todos los atributos que nos gustaría que
estuvieran presentes y es desde ahí, que nos terminamos enamorando de alguien que está más en nuestra imaginación que en la realidad.

Esto se debe a la tendencia tan extendida de valorarnos en
base al rechazo o aprobación del otro, sintiéndonos genial con nosotros mismos si le gustamos y pensando que no somos suficiente si resulta que esa persona nos rechaza. 

Cómo construir una relación sana desde el principio, sin tener en cuenta que tu valor personal lo decides tú, y ese valor no cambia por la percepción que otra persona tiene sobre ti.

 

Esta es una de las grandes trampas que más dolor y
frustración nos genera cuando hablamos del comienzo de las relaciones, experienciando un gran desengaño y decepción cuando nos damos cuenta de que la otra persona no era como esperábamos.

¿Te ha
pasado alguna vez que hayas cambiado u ocultado aspectos de ti para conseguir
gustar a alguien? ¿Qué es importante para ti encontrar en el otro para que
quieras elegir iniciar un camino juntos? ¿Qué aspectos pueden hacer que no
quieras seguir conociendo a alguien?

Como he mencionado antes, tener claro lo que queremos en una
relación y con qué tipo de persona, nos ayudará a no perdernos ni desviarnos en asuntos que realmente no nos interesan o no es lo que buscamos.

En segundo lugar, esto no significa que debamos de tener una mirada rígida y
que perdamos la capacidad de estar abiertos y fluir con los acontecimientos y con las personas que van apareciendo en nuestro camino.

El saber lo que queremos nos ha de servir para tener una
pequeña “brújula” que nos permita orientarnos y nos pueda guiar.

Conocer de verdad a alguien implica; tiempo, paciencia,
tranquilidad y apertura. 

El tiempo necesario para respetar los ritmos naturales que
implican que se vaya desarrollando y creando una relación. 

Piensa en cualquiera de tus amigos, ¿Te planteaste en algún momento si esa relación iba muy rápido o demasiado lento? 

Seguramente no, y eso tiene que ver con que fuimos capaces de
respetar el ritmo y desarrollo natural de esa relación de amistad.  Cuando se genera una relación de amistad, no
se construye desde las expectativas de lo que es y lo que tiene que ser. Cuando conociste a tu mejor amigo, no pensaste que tenía que ser tu mejor amigo, ocurrió de forma natural.

Lo mismo ha de suceder cuando conocemos a alguien con una intención más romántica que amistosa, debemos soltar el control y las expectativas de lo que ha de ser o no ser.

Centrarnos en el presente nos ayudará a permitir que la relación se construya de forma natural, evitando presiones innecesarias y situaciones forzadas que no corresponden a la evolución natural de esa relación.

Disfrutar de lo que se va creando sin necesidad de controlar el camino, también nos puede servir como indicador de que estamos donde debemos estar.

Para terminar, cuando una relación sana se inicia, es característico tener la sensación de que todo es fácil y espontáneo, simplemente va surgiendo un baile armónico entre ambas partes y si nos permitimos soltar el control, podremos disfrutar de la magia.