Qué podemos hacer cuando todo va mal

Lo primero que podemos hacer cuando todo va mal es, no entrar en pánico.

Antes de entrar en detalles, me gustaría analizar qué es exactamente lo que va mal ¿Realmente es todo? O quizás…

 Se trate de una serie de sucesos que no han salido como nos gustaría y con una serie de consecuencias que seguramente, nos complique un poco la vida. 

Con esto, quiero resaltar que cuando nos sabemos qué podemos hacer cuando todo va mal o cuando estamos pasando por un momento complicado o difícil, es normal que nos sintamos desesperanzados, frustrados, agobiados… Y es justamente a esto a lo que tenemos que prestar atención.

Tenemos que estar preparados para afrontar este tipo de sentimientos. Es la única manera que tenemos de no entrar en pánico, es decir, de paralizarnos ante el problema y empeorar la situación aún más.

Cuando nos suceden cosas malas, el cerebro entra en “modo supervivencia”, entra en un estado de alerta donde toda la energía se destina a la supervivencia. El problema, es que esto tenía un sentido en las circunstancias de vida de nuestros antepasados, pero no actualmente.

Es decir, cuando nuestros antepasados veían de repente a un león, el cerebro lo interpretaba como un peligro de muerte inminente. Realmente las cosas iban muy mal. Entonces el cuerpo se preparaba para utilizar la estrategia de supervivencia que más le podía convenir en ese momento. 

En esas situaciones, no hay tiempo para pensar, no hay espacio para la creatividad y el ingenio, se trata de tomar decisiones de vida o muerte en cuestión de segundos.

Entonces, ¿Qué sucede cuando nosotros percibimos que todo va mal?

 Nuestro cerebro reacciona de la misma forma que lo hacía antes, aunque las situaciones sean muy diferentes. El cerebro elabora una respuesta muy similar ante un despido que ante la aparición de un león. La diferencia está en que la respuesta para afrontar la situación del león es efectiva, sin embargo, es desadaptativa para afrontar las dificultades y exigencias de nuestra sociedad actual.

Es importante ser conscientes de esto. Así podremos entender porqué nos colapsamos cuando las cosas nos salen cómo habíamos planeado. Por qué entramos en pánico y tenemos una reacción desmedida ante los acontecimientos de nuestra día a día.

Saber esto nos puede ayudar a relativizar las cosas y a ponernos en perspectiva. Una vez hemos entendido que lo sea que esté sucediendo no supone un peligro inminente para nuestra propia vida, podemos analizar la situación volviendo a utilizar todos los recursos de los que realmente disponemos.

Debemos de salir del “secuestro emocional” al que nos somete nuestro cerebro. Para ello, invito a hacer un pequeño alto en el camino, un stop donde podamos tranquilizarnos, dejar de hacer lo que estemos haciendo y consigamos parar la pelota de pensamientos que nos vienen a la mente.

Lo siguiente que podemos hacer es:

 

 

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